52. ¿Me echabais de menos?
¿Cómo que quién soy?
¿Hola? ¿Queda alguien por aquí?
Soy como ese padre ausente que, por motivos egoístas, se fue por tabaco y no volvió. Pasaron los años y, un día, ve que su hijo ha crecido sin su ayuda y se ha convertido en el hombre que él siempre quiso ser.
En una emotiva historia de redención, trata de conseguir su perdón y volver a formar parte de su vida, expiando sus pecados y retomando una relación que se vuelve más fuerte que si hubiera permanecido constante, junto a su hijo, durante toda la vida.
Pero esto no es una película, es el mundo real. El mundo real virtual. Que es incluso más cruel que el mundo real. Aquí no existe la empatía.
La empatía es algo muy ligado a las caras, a la expresión y al contacto humano. Es mucho más fácil romper el contacto con alguien vía digital que face to face. Sólo tienes que darle al botón de “Dejar de seguir”, “Bloquear” o “No quiero recibir más esta newsletter, que pesao es este tío, por el amor de un dios, ya viene aquí a contarnos sus mierdas de nuevo”.
La otra persona recibirá un frío mail diciendo que alguien se ha dado de baja. Sin un adiós, sin un motivo. Y a veces, ni eso.
Pero no importa, porque nuestros avatares digitales carecen de corazón en ambos sentidos. Para quien ha sido unfolloweado sólo será una cifra que desciende y, muchas veces, ni siquiera se percatará de quién ha sido.
Yo no. Cuando pasa eso me tiro una semana llorando.
Nunca he sabido compartimentar, ni dejar de ser yo en ningún momento, por eso se me dan tan mal los juegos de rol. Pensad en una partida con carismáticos personajes de ficción y… Pepe*, un tipo que no entiende muy bien sus habilidades y que no sabe del todo por qué ha empezado esta aventura.
Pepe ha pensado que ya lleva demasiado tiempo descansando en la posada. La factura se eleva a grandes sumas de oro que no sabe si va a poder pagar, por lo que es hora de continuar.
No preguntéis con qué rumbo, si sois lectoras o lectores habituales sabéis que nunca hubo uno.
***
Ha pasado todo un verano desde la última vez que mande una newsletter y han cambiado muchas cosas:
He conseguido un trabajo. Un trabajo de verdad. Uno de esos que presentarías a tu madre. Te genera sensaciones de seguridad económica y estabilidad. Lo cual no asegura que las tengas, pero te dan un motivo para ducharte todos los días**.
He empezado las clases en la EOI (Escuela Oficial de Idiomas) para conseguir el C1 de inglés. Tras el fracaso de la oposición juré por mi brazo derecho que no volvería a estudiar en mi vida, y se me está haciendo muy difícil escribir esto con una sola mano.
Estos dos cambios en mi vida han implicado que durante la semana, mi tiempo de descanso se haya reducido a cero y que en siete días haya conocido a más gente nueva que en los tres últimos años. Soy un Tarzán devuelto a la civilización, pero con barriga.
Supongo que las personas aceptaron antes a Tarzán por tener un cuerpo canónicamente perfecto… una vez que se quitó el olor a tigre***.
Es difícil saber comportarse en ambientes adultos cuando el último año sólo han sido conversaciones sobre Minecraft y las Tortugas Ninja con un niño de cinco años, espero que la gente de la oficina sepa tanto como él.
Y ha pasado algo más:
Voy a las semifinales del concurso de monólogos de Leganés. El “Monstruo de la comedia”. Es el segundo concurso al que me presento este verano. El anterior fue en Jumilla. ¿Gané? Já, no. ¡Qué voy a ganar yo!. ¿Voy a ganar en Leganés? Já, que va.
A pesar de que me presente a concursos****, no creo en ellos. Pero presentarme hace que me esfuerce el doble o el triple en un trabajo, prepararme un concurso es como entrenar en la cámara del tiempo hiperbólica (signifique eso lo que signifique) de Dragon Ball. 1 concurso equivale a 10 open mics.
Escribo, ensayo y reescribo siete veces por minuto y el texto queda minuciosamente podado, como si fuera un bonsái. Tanto que como no llegue pronto el día va a terminar convertido en una triste ramita sin chistes.
Y esto pasa porque en el fondo de mi realista y pesimista visión de la existencia, hay una mínima esperanza de poder ganar. Es la misma sensación de jugar al a lotería y se llama ludopatía.
Si estás leyendo esto y el sábado 20 no tienes planes, ¡acércate a Leganés a apoyarme! Porque, a pesar de que ganar es muy difícil, si que voy a intentar que la gente se ría mucho viendo mi show.
Y si no te gusta, siempre podrás volver a casa y darle al botón de “Dejar de seguir”.
Sayonara babys.
*Se me da tan mal no ser yo que soy incapaz de ponerme un nombre mejor.
**El récord estaba en dos semanas, cuatro días y nueve horas.
***Hay una relación muy clara entre la higiene y formar parte del sistema. Puede que la verdadera revolución esté en no lavarse los pies.
****También me presenté a uno de ilustración. Spoiler:
Tampoco hubo suerte.








